Si el streetwear tiene un pulso, la música es el corazón que lo mueve. No hay una sola prenda icónica del streetwear que no tenga, en algún punto de su historia, a un artista detrás usándola, resignificándola, o simplemente haciéndola imposible de ignorar. Y para verlo con claridad, alcanza con seguirle la pista a una sola prenda: el buzo deportivo de tres rayas.
UNA CHAQUETA, MEDIA DOCENA DE SUBCULTURAS (LOS 70)
En 1967, Adidas lanzó el tracksuit Beckenbauer, pensado para el fútbol. Pero la calle lo adoptó mucho antes que la moda: en la Jamaica de los 70, Bob Marley y el reggae lo llevaron de la cabeza a los pies. En Inglaterra, los "casuals" del fútbol lo usaron como símbolo de estatus en los estadios de Europa. En Nueva York, los b-boys de las primeras batallas de breakdance lo eligieron porque era, literalmente, la única ropa que permitía moverse así. Tres continentes, tres razones distintas, la misma chaqueta.

HIP HOP TOMA EL MANDO (LOS 80)
En Harlem, Dapper Dan reversionaba telas de lujo en piezas hechas a medida para artistas y esa conexión entre su trabajo y la música quedó sellada en la portada de Paid in Full (1987), donde Eric B. & Rakim posaron con tracksuits de Chanel diseñados por él. En 1986, Run-D.M.C. convirtió el tracksuit de Adidas en el uniforme no oficial del rap con su canción "My Adidas" el sello firmó un acuerdo de 1.5 millones de dólares con el grupo, lo que la industria describe como el "big bang" de la relación financiera entre el deporte y la música urbana. Beastie Boys y LL Cool J llevaron la estética todavía más lejos.

EL MUNDO ENTERO SE PONE LA MISMA CHAQUETA (LOS 90 Y 2000)
Mientras el hip hop dominaba en Nueva York, en Rotterdam los gabbers bailaban techno a toda velocidad usando ese mismo tracksuit. En Reino Unido, Oasis y Blur lo subieron hasta el cuello como símbolo de orgullo obrero durante el britpop. En Tokio, la revista FRUiTS documentaba versiones hiper coloridas del look en Harajuku. Y tras la caída de la Unión Soviética, se volvió el "uniforme oficial" de los gopniks rusos.
En el hip hop de los 2000, la influencia se volvió más específica: Cam'ron normalizó que los hombres usaran rosado, Pharrell popularizó las chaquetas estilo NASCAR llenas de parches, MF DOOM convirtió su máscara en un ícono, y Ghostface Killah llevó jerseys de hockey de Team Canada que Drake sigue usando hoy.

KANYE WEST: DE FAN DE LA ROPA A ARQUITECTO DE LA INDUSTRIA
Pocos artistas cambiaron tanto la relación entre música y streetwear como Kanye West. En 2008 intentó lanzar Pastelle, una línea propia que mezclaba Marc Jacobs, Ralph Lauren y American Apparel, nunca salió oficialmente al mercado, pero se volvió tan mítica que una chaqueta original llegó a venderse por 10.000 dólares. En 2009 diseñó dos siluetas de sneakers para Louis Vuitton los "Louis Vuitton Dons" y ese mismo año Nike lanzó el Air Yeezy, uno de los primeros grandes sneakers de firma de un artista no atleta.
En 2013 llegó Yeezy con Adidas, la colaboración que terminaría creando su propio mercado secundario de reventa. Un año antes, en 2014, su merch de la gira Yeezus cambió las reglas del juego: piezas limitadas vendidas a través de PacSun demostraron que el merchandising de un artista podía funcionar como una marca de moda real, no como un simple recuerdo de concierto.

GRIME: EL STREETWEAR BRITÁNICO SE INDEPENDIZA
En el Reino Unido, el grime construyó su propio capítulo. Skepta y Stormzy modernizaron el tracksuit como símbolo de identidad británica negra, y esa cultura terminó creando su propia industria: Corteiz, la marca que Highsnobiety describe como "el nombre más grande en salir del streetwear del Reino Unido en esta década", colaboró en 2025 con BBK (Boy Better Know) el colectivo fundado por Skepta, JME, Frisco, Jammer y Shorty en su vigésimo aniversario. El fundador de Corteiz, Clint Ogbenna, incluso financió la reedición del fotolibro que documentó los orígenes de la escena grime.

PUNK Y RAVE: LA ROPA COMO RESISTENCIA
Del otro lado, el punk aportó su propio manifiesto. Vivienne Westwood y Malcolm McLaren vestían a los Sex Pistols con su línea Seditionaries; telas rotas, imperdibles, consignas provocadoras impresas a mano. Décadas después, la cultura rave tuvo su propio revival en las pasarelas: diseñadores como Christopher Shannon y Cottweiler recuperaron los colores psicodélicos y las siluetas anchas de los 90, no como nostalgia hedonista sino como comentario sobre la ansiedad de una nueva generación.

SKATE ENTRA AL JUEGO, Y LA PASARELA CIERRA EL CÍRCULO
En 2014, Palace Skateboards empezó sus colaboraciones anuales con Adidas, convirtiendo el tracksuit en una pieza codiciada también entre skaters. Y en la última década, ese mismo objeto que empezó en las canchas de fútbol europeas terminó reinterpretado por Demna en Balenciaga y por Grace Wales Bonner en sus propias colecciones; la calle, otra vez, dictando lo que pasa en la pasarela.

Sesenta años después de que Adidas lanzara ese tracksuit pensado para el fútbol, la prenda pasó por Kingston, Rotterdam, el Bronx, Londres y Tokio y en cada parada, un género musical distinto la volvió a inventar. Esa es, en el fondo, la historia real del streetwear: no la escribe una sola marca ni una sola ciudad. La escribe la música, una escena a la vez.